domingo, 17 de abril de 2011

El mito de Frankenstein

FRANKENSTEIN
Conformación de un mito sobre la vida artificial.
…todo cuerpo es una máquina y las máquinas fabricadas por el artesano divino son las que están mejor hechas, sin que, por eso, dejen de ser máquinas…
Descartes, Discurso del método.

En nuestros días, la cuestión del manejo artificial de la vida por parte de la ciencia viene adquiriendo especial importancia, más que nada a partir de la clonación con animales se reactualiza, un debate científico y ético que reconoce en el imaginario mítico antecedentes de larga data. El mito del autómata, entendido como vida artificialmente creada, fue ya formulado en la antigüedad. Homero en la Ilíada, las doncellas de oro y Apolonio de Rodas, en las argonáuticas, referieren la historia del gigante de bronce. En el siglo XVI, el mito reaparece en la figura del Golem, hombre artificial surgido de la arcilla tras la aplicación de una antigua receta rabínica, por Judah Loew, de la Sinagoga de Praga. La literatura romántica con Mary Shelley y su Frankestein se recrea en diversas producciones del cine expresionista alemán: Las dos versiones del golem de Paul Wegener (1915 y 1920), Homunculus de Otto Rippert (1916) y Metropolis de Fritz Lang (1925). Desde la década del ´30, y hasta nuestros días, una extensa variedad de robots, androides y ciborgs (unas veces destructurores y malignos y otras, beatíficos salvadores) se multiplican en páginas y pantallas.
Frankenstein de Mary Shelley (1816) constituye una figura clave de esta larga serie: la que inscribe en el imaginario social la cuestión del ser artificial que destruye a su creador. En 1921 en la obra teatral R. U. R del checo Karel Capek, no un individuo sino toda toda una especie de seres artificiales, por primera vez llamados robots, se alza contra el género humano y lo destruye. Se afianza así lo que Isaac Asimov llamó “el complejo industrial Frankestein”, sobre el cual creo una bastisima producción de cuentos y novelas sobre robots.
Mito del atómata y su confrontación con el hombre que lo ha creado. Mito como calidad de discurso, de relato tradicional, cuya forma de transmisión genuina corresponde al ámbito de la oralidad, y tiene cierta relación con lo místico y lo sagrado, esto no implica que se vincule con la religión, muchos mitos no son religiosos, ni tienen la intensidad sentimental que corresponde a esa esfera de lo sagrado. “El doctor Frankenstein , atravesado por las profundas preocupaciones del hombre moderno, se transforma en un trágico de la cultura”. Los mitos se desarrollan en un pasado atemporal, no contemporáneo ni históricamente determinado. Una mitología básica: historias que no vienen de ningún sitio; relatos anónimos que sólo existen a través de narradores intercambiables(Detienne). Pero las obras individuales son todas mitos en potencia, pero su adopción en el modo colectivo es lo que actualiza su misticismo.(Lévi-Strauss). Frankenstein se incribe en ese misticismo al ser adoptado colectivamente a través del relato y la iconografía consagrada por Whale director de “Frankenstein 1931 y La novia de Frankenstein 1935”. Y bien si ,no se trata de una difusión meramente oral, ni de relatos anónimos, la abundancia de citas y reelaboraciones, tanto del tema como de esa iconografía, lo colocan en una situación similar a la relación descripta. El nombre y la figura de Frankenstein, sinónimos de lo monstruoso, aparecen constantemente en obras serias y jocosas, en comentarios de las más diversa procedencia, en animaciones y publicidades de más diverso tipo.
El género que trabaja el tema del autómata es el fantástico en general, y más particularmente la ciencia ficción. Hay cierta relación entre ciencia ficción y mito; Michel Butor denomina la ciencia ficción, como “mitología del presente”, se cree que aquello que muestra la ciencia ficción es posible, que esos extraños aparatos, esos viajes a la velocidad de la luz, esos seres alienígenas existirán. La fantasía aparece aquí enmarcada en el realismo de una supuesta “garantía científica”.
Parece de la propia lógica de la modernidad de cara al futuro y no ya al pasado. El pasado atemporal en que se desarrolla el mito de la tradición, se convierte aquí en un futuro remoto, pero posible, y tal vez inelulible.
Cabría preguntarese sí, en una época como la nuestra, donde se ha producido una general desmitificación, entendida como crisis de lo sacro, no es aventurado empeñarse en el uso de la palabra mito. La respuesta se encuentra, justamente, con le traspaso de la mitificación hacea los elementos científicos y tecnológicos, en una fetichización de las técnicas.
Volviendo a Frankenstein la novela posee una doble condición ya que pertenece tanto al género gótico, como al de ciencia ficción, esta ambigüedad se registra en su tratamiento temporal. El relato de Shelley transcurre en el siglo XVIII, futuro amenazador al crear razas capaces de dominar o destruir el mundo.
FRANKENTEIN EL PROMETEO MODERNO
Conocidas son las circunstancias en que se escribió Frankenstein, el Prometeo moderno. En 1816, durante una estancia veraniega en la villa de lord Byron en Suiza, Mary Godwin Shelley la compone como furto de una apuesta entre amigos: la de producir una narración de horror, inspirada en los “cuentos alemanes de espíritus y fantasmas” (Shelley:21). Sólo ella el Dr. Polidori cumplieron. De esa velada srugieron las cabezas de serie que corresponden a los dos esquemas básicos del género fantástico: lo anormal que viene del exterior con The vampire de Polidori y lo anormal creado por el hombre con Frankenstein.
El Frankenstein del título es Víctor, joven Suizo obsesionado por descubril “los secretos del cielo y la tierra” (Shelley: 57), “el exilir de la vida” y “la invulnerabilidad ante la muerte” (p.61). Esta obsesión lo lleva a crear, a partir de cádaveres, un ser monstruoso la que rechaza y abandona apenas cobra vida, horrorizado ante su propia vida. El monstruo pagará los sufrimientos derivados de este abandono con la destrucción de los seres querido de Frankenstein y, finalmente, con la de su propio creador.
Temas importantes tratados en la novela:
• La cuestión de la responsabilidad de la ciencia;
• La creación humana con la naturaleza como obra divina;
• La concepción de la maldad y el cirmen como consecuencia del rechazo y la marginación social;
• Las cuestiones de reivindicación social y de justicia;
• La ambigüedad entre lo bueno y lo malo.
Los temas planteados, remiten constantemente a moldes míticos que acabarán reforzando esta identificación entre creador y creatura.

Texto extraído de Itinerarios, Revista de Literatura y Artes de 1998, Frankenstein: Conformación de un mito sobre la vida artificial – Mary Shelley y James Whaler- Graciela C. Sarti.